Las madres modelos existen, no son una entelequia lejana que sólo se aparecen en la conciencia de las madres de andar por casa. A mi no me suponen un estres, ya que no tengo aspiración de ser un ejemplo para el resto de la humanidad. Sí me embarga el temor a no controlar el límite entre lo correcto y lo incorrecto cuando trato con A. Ser primeriza supone construir una relación con tu hijo basada en nula experiencia. Y nunca se si es ese el camino correcto. Tal vez dentro de años tenga que desandar mis pasos al descubrir en A. a un monstruo incontrolable de los que veo todos los días por las calles. Nadie puede darme clases particulares sobre cómo educar a un hijo. Ese manual de instrucciones que he echado en falta tantas veces, se me hace más necesario que nunca ahora que él comienza a entenderme y a responderme, aunque sólo sea en forma de pataleo. Pero sobre todo, lo que más echo de menos, es la bendita paciencia que me faltó en muchos momentos de mi vida y que ahora demuestra sus carencias.
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